Jugar es indispensable

Los adultos damos un valor superior a lo intelectual en comparación a lo emocional y corporal. Jugar es considerado como una pérdida de tiempo, una distracción.

Presionamos a los niños para desarrollar rápidamente la dimensión cognitiva: matemáticas, escritura, lectura… Sin embargo, jugar es una actividad insustituible en el desarrollo, negar la oportunidad jugar, es negar a los niños el medio de decirse a sí mismos sus emociones.

Cuando el niño esta invadido por sus emociones y no las puede representar, menos aún va a acceder la dimensión cognitiva, la rechaza, por no sentirse preparado.

El niño esta disponible hacia el aprendizaje cuando:

  • ha lo logrado cierta seguridad emocional.
  • comunica sus emociones
  • Experimenta el juego simbólico
  • Disfruta construir y dibujar

Todos estos procesos están implicados en la acción de jugar.

José de Jesús Ochoa Tabares

Especialista en Práctica Psicomotriz Aucouturier

Desarrollo, seguridad y comunicación en el niño

El niño se desarrolla siguiendo itinerarios definidos:

  • del control motriz del tronco al uso hábil de manos y pies
  • de la motricidad a la representación mental
  • de la comunicación no verbal al lenguaje convencional

Al centro de todas estas transformaciones se encuentran dos procesos fundamentales que son los cimientos del edificio de la personalidad adulta: la seguridad emocional y su capacidad para comunicarse.

La seguridad emocional del niño

La confianza que muestra en la vida diaria, es en gran parte el resultado de la calidad de las interacciones con los adultos en el ambiente donde se desarrolla. Las relaciones que le ofrecen sus padres, abuelos, tíos, maestros, entre otros, representan un conjunto de actitudes, dinámicas y nociones de vida que crean un determinado contexto, el cual puede ser favorable o no para la madurez emocional del infante.

Para beneficiar el desarrollo del menor es necesario que el adulto cuide algunos aspectos:

recibir al niño como es

  • acogerlo
  • escucharlo con atención,
  • dar importancia a sus emociones
  • ofrecerle ternura y calidez
  • ser afectuosos
  • reconocerlos cuidando de no caer en actitudes de manipulación ni seducción

Ofrecer límites claros ajustados a su edad, tener rituales de alimentación, higiene y sueño, tiempos claros y organizados.

El niño ha de sentirse al mismo tiempo bien recibido y cuidado, este equilibrio entre el sentimiento de libertad y la protección (contención emocional) es fundamental para su desarrollo.

Capacidad de comunicación del niño

Para favorecerla es necesario considerarlo como sujeto de diálogo. Muchas veces, los adultos no le dan importancia a lo que comunica el niño por el hecho de ser pequeño o porque lo que dice no tiene sentido o importancia en ese momento, de acuerdo a la visión del adulto. Sin embargo, todo intento de diálogo de parte de la criatura, ya sea verbal o por medio de sus gestos y actitudes, es muy importante para él.

Su deseo es comunicar, influir al adulto y ver reflejada su existencia en el mundo a partir del efecto de sus iniciativas.

Cuando ignoramos o somos autoritarios con un niño, perdemos la oportunidad de favorecer su seguridad y capacidad de comunicación; esto sin mencionar que el adulto pierde la oportunidad de ser testigo de la creatividad y visión del niño.

José de Jesús Ochoa Tabares
Especialista en Práctica Psicomotriz Aucouturier

Jugar y Ser
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¿Qué es la Práctica Psicomotriz Aucouturier?

El concepto de psicomotricidad

En su acepción más amplia se refiere al desarrollo psicológico, a la construcción somatopsíquica del ser humano en relación al mundo circundante poniendo de manifiesto su complejidad. Las experiencias corporales en interacción con el entorno constituyen la base del psiquismo, de las representaciones inconscientes, más arcaicas, y de las más conscientes.

La psicomotricidad ayuda a comprender lo que un/a niño/a expresa de su mundo interior, por la vía motriz, y también el sentido de su comportamiento.

La expresividad motriz

Es el “material” a partir del que trabaja el Especialista en PPA. La expresividad motriz es el estilo tónico-emocional de ser y hacer de cada niño/a. Son alteraciones de la expresividad motriz: la agresividad no simbolizada, la inhibición, las repeticiones motrices o las repeticiones de juegos, la fijación tónico-emocional, etc., estos síntomas provocan la inseguridad y a su vez le limitan en el placer de ser él/ella mismo/a.

La práctica psicomotriz educativa y preventiva

Acompaña las actividades lúdicas de los niños y las niñas; está concebida como un itinerario de maduración que favorece el paso “del placer de hacer al placer de pensar” y proporciona seguridad frente a las angustias. La práctica psicomotriz educativa se propone a los/as niños/as desde el período evolutivo en el que HACER ES PENSAR hasta el período en el que PENSAR es sólo PENSAR EL HACER y más allá del HACER, aproximadamente hasta los 7 años. La escuela infantil (de 0 a 6 años) es el lugar idóneo para ponerla en práctica; lo que no excluye que los/as niños/as con algún retraso en su desarrollo psicológico puedan seguir beneficiándose de ella, durante algunos años más.

La práctica de ayuda psicomotriz

La terapia psicomotriz se propone cuando se advierte alguna discapacidad para la integración somatosíquica que limite los procesos de segurización ante las angustias. Esta práctica psicoterapéutica tiene como finalidad anclar el registro simbólico en el cuerpo y en los afectos de placer a través de una relación interactiva entre el/la niño/a y el/la terapeuta.

Los objetivos de esta práctica se pueden resumir en favorecer:

  • el desarrollo de la función simbólica (de la capacidad de representación) a partir del placer de la acción y el juego;
  • el desarrollo de procesos de segurización frente a las angustias de pérdida por medio del placer de la acción;
  • el desarrollo del proceso de descentración tónica y emocional, indispensable para acceder al pensamiento operatorio y al placer de pensar.

Para poder alcanzar estos objetivos hemos creado un dispositivo espacial y otro temporal que se ponen a disposición de los/as niño/as en la sala de práctica psicomotriz.

El dispositivo espacial

Formado por dos espacios diferenciados.

El espacio de la expresividad motriz

Con un material apropiado para vivir los juegos de segurización profunda: de destrucción, de placer sensorio-motor (trepar, saltar en profundidad, caer, rodar, balancearse…), taparse, esconderse, de persecución, de identificación con el agresor (el juego del lobo), y también los juegos de segurización superficial: juegos de identificación parental o de identificación con personajes imaginarios (de los dibujos animados) o de la vida social (artistas, deportistas…). Durante la sesión El Especialista en PPA induce sin proponer directamente y se ajusta a las acciones y a los juegos de los niños y de las niñas favoreciendo tanto los juegos de segurización profunda como los de segurización superficial. Propone torres para que las destruyan, lugares en los que desequilibrarse, caer, esconderse y también un lugar para cuidarles o para curarles después de los juegos de accidentados (el hospital). El/la Especialista en PPA ayuda a construir, a disfrazarse, a taparse, puede también regular el material para evitar la confusión y puede reducir su utilización si estimula la agresividad en el grupo.

El espacio de la expresividad plástica y gráfica

En este lugar los niños y las niñas pueden construir o dibujar libremente. En este espacio la actitud del/la Especialista en PPA es sobre todo maternante: aporta los materiales necesarios para la construcción, distribuye las hojas o los lápices y sobre todo facilita que cada niño/a hable de la historia del dibujo o de la construcción que está haciendo en lugar de que al final diga solamente qué ha construido o qué ha dibujado.

El dispositivo temporal

En un momento de la sesión se invita al grupo a pasar del espacio de la expresividad motriz al de la expresividad plástica y gráfica. Este paso favorece el desarrollo de diferentes niveles de simbolización desde la vía corporal hasta el lenguaje. Es un recorrido que ayuda a la distanciación emocional ya que las emociones se van integrando en las imágenes mentales en el proceso de descentración tónico emocional.

El dispositivo temporal incluye un tiempo para la historia (cuento) que se narra a los/as niños/as después de la expresividad motriz y antes de la expresividad plástica y gráfica. La historia es un juego dramático de segurización profunda frente a la angustia de ser destruido/a o abandonado/a. Una historia que estimule internamente las emociones y que asegure frente a las angustias por medio del lenguaje. El/la Especialista en PPA ha de saber emocionar al grupo, segurizándolo a la vez, antes de pasar con más motivación a la construcción o al dibujo.

El conjunto de la sesión de práctica psicomotriz educativa se completa y se enmarca con un ritual de entrada, al inicio, en el que el/la Especialista acoje a los/as niños/as, recuerda las consignas de funcionamiento: la sala es para jugar y en ella no se puede hacer (ni hacerse) daño y con un ritual de salida que cierra la sesión y en el que cada niño/a es identificado/a con su nombre.

El/la Especialista en PPA

El/la Especialista en PPA acoge a cada niño/a y acepta el placer de repetir los juegos. No actúa en lugar del/la niño/a, ni le estimula, ni tampoco le invade, sino que le acompaña. Acompañar es interactuar sin invadir.

En práctica psicomotriz educativa la implicación del/la Especialista en PPA ha de ser moderada a pesar de la presión de las demandas de los/as niños/as, porque ha de garantizar la seguridad material y afectiva de todo el grupo, durante toda la sesión, por medio de una mirada periférica. Su actitud permanente favorece, con flexibilidad, el placer de hacer, de transformar, de jugar y de crear conjuntamente, como base de la función simbólica y de comunicación y desarrolla un sentimiento de solicitación de la comunicación entre todo el grupo.

El/la Especialista en PPA dinamiza la comunicación y facilita la resolución de los conflictos que aparecen en el grupo, hace posible el diálogo y se mantiene firme, si es necesario, teniendo siempre en cuenta que un conflicto ha de resolverse estrictamente entre los/as interesados/as y no transformarse en un “juicio público” ante todo el grupo.

En práctica psicomotriz no tienen cabida la culpabilización ni las amenazas, ni siquiera en respuesta a comportamientos que se puedan vivir como excesivos. Por el contrario una actitud comprensiva, con gestos y palabras afectuosos y firmes a la vez han de ser suficientes para calmar a los/as niños/as, es decir para que evolucionen los conflictos y las defensas.

La práctica de ayuda psicomotriz (la terapia psicomotriz)

La filosofía de la ayuda: “Hacerse cargo” de la historia del niño expresada en la relación que le ofrecemos, es una buena metáfora para entender la ayuda desde nuestra concepción. “Hacerse cargo” en contraposición a “cuidar” (curar el síntoma).

La patología psicomotriz es el resultado del fracaso de la integración de las experiencias corporales en el psiquismo, dentro de una relación (el fracaso de la construcción de los fantasmas de acción); el entorno se hace imprevisible, caótico y poco maleable y perduran las angustias arcaicas de pérdida del cuerpo que desestabilizan las funciones corporales de la vida vegetativa y relacional porque los procesos de segurización profunda son deficitarios.

El objetivo esencial de la ayuda psicomotriz

potenciar el proceso de segurización profunda que, al ser deficitario, ha impedido que el niño desarrolle sus capacidades de simbolización, incluso las más elementales, por la vía corporal. La regresión dinámica a través de juegos segurización profunda y de la movilización tónico-emocional que los acompaña es la estrategia fundamental de la ayuda psicomotriz terapéutica.

El trabajo con los padres

Ante todo es necesario trabajar, explicitar e incluso re-formular la demanda con los padres para tener la seguridad que se ha entendido y asumido el sentido de la intervención terapéutica. La claridad del “setting” en la ayuda psicomotriz puede contener, por lo menos inicialmente, la angustia de los niños/as y también de su entorno.

Es evidente que los padres de un/a niño/a con dificultades en su evolución sufren sin poderlo expresar, por esto es necesario intentar que las relaciones con las personas del entorno del paciente (padres, hermanos, educadores…) sean muy claras.

Hablando y escuchando con autenticidad se puede instaurar el clima de confianza necesario para iniciar un proceso terapéutico: definir claramente los objetivos que nos proponemos alcanzar, el “espíritu” y la filosofía de nuestro trabajo (una dinámica de placer, de acción, de juego y de representación) con palabras sencillas y asequibles, dejando siempre la posibilidad de decir NO a la ayuda que se les ofrece, porque la aceptación, el SÍ, sólo tiene sentido cuando la persona se siente emocionalmente libre para decir NO.

La confianza de los que han demandado la ayuda para el/la niño/a se ha de merecer, es evidente que no se puede decretar, simplemente se va instaurando y para conseguirla no se puede intentar manipular dando “consejos educativos” que sólo servirían para descargarles de su capacidad de responsabilidad y por tanto de tomar decisiones como “sujetos”.

En la relación del/la Especialista en PPA con los padres y con los/as maestros/as el objetivo es ofrecer un espacio de escucha atenta, de relación confiada, que permite hacer conscientes las elecciones, las actitudes, las dificultades y también los éxitos y que se pueda hablar de todo ello con la emoción que supone facilitando su colaboración (indispensable para la intervención con el niño/a).

Con algunos padres a veces la escucha puede ser difícil porque están excesivamente implicados en un sistema complejo de relaciones afectivas con su hijo/a. Se pueden comprender las dificultades del niño/a en este campo de interacciones perturbadas que les hacen sufrir a todos y les llevan a reaccionar con unas actitudes de defensa complejas y contradictorias. Ciertamente los padres sufren pero la función del/la Especialista en PPA no es la de ofrecer una ayuda estructurada a los padres que sólo piden una intervención especializada para su hijo/a y es necesario derivarles a otros especialistas.

Pero a menudo se subestima la capacidad de las personas para cambiar por sí mismas cuando se sienten aceptadas plenamente con sus palabras y con sus emociones. Hemos podido constatar que esta aceptación les da confianza en sí mismas y modifica su actitud permitiéndoles evolucionar, lo que repercute muy favorablemente en la evolución de sus hijos/as. En esto radica la paradoja cuanto menos se intenta que cambien, lo hacen más fácilmente ya que las resistencias afectivas son menores. Creemos que las personas tienen la capacidad de cambiar por sí mismas siempre que se encuentren en un contexto de confianza, de seguridad afectiva, de libertad de expresión y de mediación ajustado a la persona.

Rol del Especialista

Es necesaria una observación interactiva del/a niño/a en relación con el/la psicomotricista para decidir la intervención por medio de la ayuda psicomotriz. Consiste en observar durante la interacción terapeuta -niño/a sus capacidades de segurización profunda, sus posibilidades de modificación tónicoemocional y sus capacidades de simbolización por la vía corporal, por mínimas que sean.

El/la terapeuta durante el tratamiento de ayuda psicomotriz interacciona con el/la niño/a implicándose a nivel tónicoemocional y se sitúa con el/la niño/a a un nivel de funcionamiento arcaico segurizante. La implicación supone la vivencia de “resonancias tónico emocionales recíprocas” indispensables para la emergencia de los fantasmas de acción que no han podido expresarse nunca o para la formación de los primeros fantasmas de acción que surgirán de las experiencias corporales vividas en una relación.

El/la terapeuta asume las identificaciones que el/la niño/a proyecta sobre él/ella y las representa: es odiado/a (destruido/a, tirado/a, muerto/a) y es amado/a (agarrado/a, retenido/a, apresado/a, protegido/a, cuidado/a, salvado/a); pero a la vez el/la terapeuta delimita claramente lo que es de uno (paciente) y del otro (terapeuta); sabe mantenerse firme, oponiéndose al/la niño/a y es capaz de decir NO con claridad, lo que es necesario para la dinámica de maduración psicológica del/la niño/a.

“Ponerse en la piel del/la niño/a manteniéndose en la propia piel” es una metáfora que ilustra bien esta relación intensa y necesaria entre el/la terapeuta y el/la niño/a. Esta condición exige que el/la terapeuta funcione a un nivel arcaico sin dejar de ser el/la mismo/a: idéntico/a y maleable, transformable. La maleabilidad terapeuta que se deja transformar por su paciente, a nivel tónico, postural, motor y emocional, manteniéndose idéntico/a en su calidad de acompañamiento, favorece la transformación tónicoemocional del/la niño/a y desbloquea sus imágenes mentales.

El/la niño/a sólo puede llegar a construirse si el/la terapeuta comparte con él/ella el placer de jugar y de comunicarse, por ello es necesario que el/la terapeuta no proyecte excesivamente los propios afectos de placer a través del movimento o del lenguaje.

En resumen, la opción filosófica es clara: se trate de un bebé, de un/a niño/a, de un/a adolescente o de un/a adulto/a cada ser humano es considerado como sujeto que da testimonio de su experiencia única y que ha de ser acogido con todo el respeto. La persona si se siente confiada expresa sus pensamientos y sus emociones. La actitud de escucha favorece la comunicación, permitiendo la distancia y la seguridad necesarias para comprender al otro. Comprender al otro no es considerarle un objeto de análisis intelectual con el que se puede trabajar (ejercer nuestro poder de dominio) para obtener un cambio sino que ante todo es intentar captar el sentido de su testimonio, de su historia profunda, inconsciente, a través de diversos registros simbólicos manifestados tanto a nivel no verbal como verbal.

Definir esta actitud con palabras, fuera del contexto experiencial, parece banal.

Las palabras clave que se mantienen son “ESCUCHA”, “COMPRENSIÓN”, y “RESPETO”. LA ACTITUD DE ACOGIDA EMPÁTICA las incluye todas, pero si no se ha experimentado e interiorizado, sólo recubre una realidad abstracta y desencarnada, sin cuerpo!!.

Basado en un artículo de Bernard Aucouturier.